Ahora o nunca
«Sólo aquellos que arriesgan a ir demasiado lejos pueden descubrir que tan lejos pueden llegar.»
-T.S Elliot
Daremos un salto en el tiempo a la ultima aventura memorable que tuve, el salto de un puente más alto del mundo. Esto ocurrió mientras hacia un voluntariado en Sudáfrica, más específicamente la ultima semana. Conoce a un grupo muy interesante de persona durante este viaje, cada uno de una parte diferente del mundo pero con una misma pasión, ayudar y enseñar. Junto a ellos realice el famoso Garden Route, un viaje de una semana por la costa sudafricana, donde vimos a los Cinco grandes, visitamos playas hermosas, nos pegamos unas fiestas increíbles, pero los mas memorable fue el salto en bungee mas alto de un punte del mundo. Para este salto se habían apuntado 5 de las 14 personas que conformaban el grupo y junto al guía partimos a las 6 am hacia el punto. La noche anterior salimos de fiestas por lo que el trayecto de 5 horas y media se hizo muy corto. Al momento de llegar nos encontramos con lluvias muy fuerte y vientos que todavía permitían la realización del salto pero lo volvían más arriesgado por lo que 4 del 5 personas se desanimaron en hacerlo. Como supondrán la única persona que decidió hacerlo sin importar nada fui yo. Ese salto supuso un cambio de pagina en mi vida, cuando tu integridad física esta en juego te arrepientes de muchas cosas, y finalmente después de salir ileso de esa situación tenia que cambiarlas. Subí prácticamente solo por el punto, media hora andando en subida y luego 10 minutos más para llegar al punto. Una vez ahí me intuyeron sobre cómo actuar si algo salía mal, pero eso no es lo que más recuerdo, lo que más recuerdo es la buena vibra de los trabajadores que no dejaban de bailar y sonreír con tal de hacerme sentir a gusto. No dejaban de alentarme y motivarme al ritmo del Dancehall africano. Llego el momento antes de saltar, donde me tomaron la foto que ven arriba, y estaba muy nervioso pero también ansioso por superar un reto más. Me colocaron en el borde del punto y todos en coro contaron desde tres hacia abajo. Y salté. Una caída bellísima donde aprecia la vida de una manera distinta, sin dejar de exclamar el nombre de mi madre pidiéndole perdón y el de mi padre agradeciéndole. Estaba seguro que me iba morir, pero aun con la lluvia y el viento en contra, solo perdí una zapatilla. Una experiencia increíble con un equipo de profesionales espectacular como lo fue la gente de Face Adrenaline. Como en cada entrada les recuerdo, el 80 por ciento es miedo, rompan esa barrera y se van a comer el mundo.